martes, 6 de mayo de 2008

El Entierro Wayuu

GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)

El entierro

Otro momento decisivo en la vida actual del wayú es el entierro, que está a cargo de las mujeres, quienes preparan al muerto: lo recogen, lo bañan y lo colocan en el atúd, cada vez más usado.

Los hombres asisten al velorio pero no tienen que ver con los preparativos, y mucho menos si el deceso fue por una acción bélica (entonces se entierra al difunto con el rostro tapado y cuanto antes, sin velorio y sin mirarlo). Es usual invitar al propio futuro velorio, como una muestra de máxima amistad.

El velorio se prolonga por varios días y en ocasiones semanas y excepcionalmente hasta por uno o dos meses, y todo el tiempo están los asistentes asentados en los alrededores de la ranchería del muerto, donde reproducen un entable básico de viaje wayú: cuelgan los chinchorros y las mochilas de viaje del grupo debajo de los árboles, e instalan una cocina al piso y acondicionan cerca los caballos o los vehículos, los chivos y eventualmente alguna mesa para jugar dominó y beber. Las mujeres repartirán el tiempo entre este entable y la enramada donde está el muerto, donde plañirán a veces tan ruidosa como auténticamente.

La familia aporta recursos para el velorio si el muerto es de escasos recursos; y si es rico el velorio será el momento para distribuir sus riquezas entre los asistentes, para ser recordado como alguien generoso y rico.

Aún es motivo de cobro el nombrar el muerto reciente; y si se hace inevitable hacerlo, es bien visto anteponer a su nombre, la expresión "el difunto".

El velorio es el momento del reencuentro del grupo familiar y de recordar luchas y sucesos pasados; se conversa largamente, se come y se bebe, se juega y se llora al muerto por parte de hombres y mujeres.

El cementerio es familiar, y como se dijo atrás, es el principal patrón de residencia en tanto define la adscripción territorial del grupo: se es de donde es el propio cementerio; el wayú es de donde va a ser enterrado...

Para el entierro ya es corriente usar el moderno ataúd; y también lo es el que asista un sacerdote y haga su propia ceremonia, lo cual acrecienta el prestigio del muerto y de la familia.

Una vez enterrado, suele continuar el velorio mientras se van retirando los deudos, y no son extrañas las competencias de tiro entre los hombres, con armas largas y cortas...

El segundo entierro se hace en múcura o vasija de barro, y supone el traslado hasta el cementerio familiar si el muerto no estaba allí. Entre uno y otro entierro se visita la tumba del familiar en los cabos de año, instalándose sus familiares durante varios días en la enramada que se tiene para el efecto en el cementerio. Hoy se empieza a visitar el cementerio familiar, el 2 de noviembre, día hispánico de todos los muertos...

Se podrían esquematizar, para ilustrar, las fases rituales que cumple la familia del difunto desde los instantes antes de la muerte, hasta su viaje definitivo hacia Jepira:

1. AA’jalajaa aa’in. En los últimos momentos del wayú la familia más cercana se reúne a su alrededor.

2. Outaa. Al morirse se deja el cuerpo aproximadamente durante dos horas. Es costumbre no llorarlo durante este tiempo, pues "no se debe apresurar su separación del seno de la familia".

3. O’oojiraa aa’ne’era. Más o menos dos horas después del fallecimiento, el difunto (Mulia’shi) es bañado por sus familiares más cercanos, en rigurosa privacidad. Luego se le viste como usualmente lo hacía en vida. Se colocan en la urna sus principales pertenencias, en especial su vestuario.

4. Suta wayu o’utusu. Es colocado entonces en la urna por los familiares más cercanos. La urna tradicional era de tronco de árboles (Patsua —especie olorosa— muy poco usada hoy). Posteriormente algunos utilizaron envoltorios funerarios (Cheii o manta especial del hombre wayú elaborada en telar propio, a veces encargada con bastante antelación —años—); o cuero de res (Pa’aata).

5. Alapajaa (o velorio propiamente dicho). En algunos casos las personas son invitadas expresamente o simplemente asisten al velorio porque desean expresar sus condolencias o acompañar a los familiares del wayú muerto. Es costumbre que estos visitantes, especialmente familiares, colaboren en el Ekiiraa y en atender a los asistentes al velorio.

6. Ekiira. Es todo lo que se consume en el Alapajaa por aporte de las amistades de la familia. Los familiares más cercanos se abstienen de consumir lo destinado para el ekiiraa; para ellos se preparan los alimentos en forma separada.

7. A’yalajaa. Las mujeres para llorar se cubren el rostro con un pañuelo largo y algunas personas usan un paño o pañuelo pequeño para ocultar el rostro; los hombres se lo cubren con las dos manos, el sombrero o un pañuelo pequeño. Generalmente las mujeres expresan su pésame llorando conjuntamente con los familiares del difunto.

8. E’kaa (entierro). Llevan el cuerpo hasta el cementerio. En muchos casos permanece en el sitio durante algunas horas. Todos se instalan en los espacios abiertos (enramadas cercanas, debajo de los árboles) donde se llora, se consumen alimentos, se conversa, hasta antes de sepultar el difunto.

9. Ojoitaa. Es el acto de enterramiento. La urna es colocada en la fosa; se acostumbra a prender cerca de la bóveda un tronco de un árbol, para iluminar el camino del muerto.

10. Asiruaa. Cuando el wayú es asesinado se realizan algunas prácticas muy particulares, entre las cuales: lo caminan, le amarran los pies, le colocan algunos objetos y pequeños animales, con el propósito de expresar rechazo al homicida y propiciar acciones en que el mismo difunto coadyuve.

11. Anaajawaa. Se refiere al segundo entierro. Sacar los restos de la urna y depositarlos con los de sus ancestros. Este acto es obligatorio e íntimo, y se realiza por un familiar allegado en las primeras horas de la madrugada. Posteriormente la persona que ha estado en contacto con los huesos (normalmente es mujer) es sometida a ritos de purificación (generalmente baños especiales).

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